viernes, 20 de diciembre de 2013

Nélida: mujer quechua iluminada por dios

Por Adriana Guadalupe Rivero Garza o
@femin_ite_iste
                                                        
Hace algún tiempo (en un Encuentro de Mujeres, Trabajo y Salud en la Universidad Autónoma de Zacatecas) conocí a una mujer quechua que platicó su experiencia sobre la lucha por el reconocimiento de los derechos de las mujeres y de su participación política en las comunidades rurales en el Perú.
La recuerdo con una sonrisa agradable y sencilla. Con su falda y rebozo de colores, su sombrero negro y sandalias color café. Su atuendo impresionaba no sólo porque representaba a la mujer de las comunidades andinas sino porque ella lo portaba con mucha dignidad. 
Esa mujer expuso en el Encuentro que las mujeres quechuas sufren doble discriminación: por pertenecer a un grupo étnico y  por ser mujeres. Habló de los obstáculos que ella tuvo que superar para que se le reconociera su participación y liderazgo en el territorio político, económico y social de su comunidad. Ella lo denominaba: desarrollo con libertad.

Ella, una mujer decidida, estaba frente a una computadora pidiendo con su mirada que alguien la asistiera; sólo necesitaba plasmar en un papel toda una experiencia de vida. Yo estaba perdiendo el tiempo en ese centro de cómputo, mientras comenzaban las ponencias. Al ver a esa mujer (de la cual aún no sabía su nombre) no dudé en acercarme. Al preguntarle si requería ayuda no dudó en decir que sí. Sin miedo me dijo que necesitaba escribir su ponencia pero no sabía utilizar el equipo de cómputo. Me ofrecí a escribir lo que ella me dictara. Escribimos.

        Nélida (supe que así se llamaba cuando me pidió que denomináramos su documento con el nombre que su madre le había puesto al nacer) se veía orgullosa cuando le leí la versión final, cuando pudo tener por fin una hoja impresa que describía el proceso que vivió para  poder ser regidora de su comunidad.                              

        Yo quería decirle a Nélida lo conmovida que quedé al escucharla; lo impresionada que me sentí cuando ella me dictaba palabra por palabra lo que debía contener su documento: Yo he tenido que sufrir, pero de verdad sufrir, para poder ser regidora. He ayudado a muchas mujeres para que sus maridos no las peguen, no las maten a palos. He llevado de la mano a otras tantas a luchar por sus derechos.

Cuando a mi me han dicho: Nélida, tú tienes que ser regidora yo he brincado de gusto. Fue una gran experiencia, sí, sin embargo para llegar a eso tuve que luchar porque nadie quería que yo fuera regidora. No quisieron registrarme porque me decían que las mujeres no podían participar, pero en Mi Constitución no está prohibido -les decía-. Participé y se burlaron de mí. Gané y nunca me llamaron, nunca me dijeron que yo había ganado; tuve que ir yo a decírselos a los más poderosos: “¡Nélida ganó señores y esa soy yo y quiero mi lugar!” 

Cuando fue la toma de posesión mi madre se estaba muriendo. Si yo no iba a tomar protesta perdería mi cargo -me dijeron-. Así que tuve que dejar que mi madre muriera sola, sin mi. Sí tomé protesta. Sí juré ser regidora frente a los hombres de mi comunidad, mientras, mi madre moría. 

       Nélida me miró con los ojos llenos de lágrimas y me dijo: Eso tuve que pasar para llegar a ser regidora. Luego me sonrió y dijo: y eso lo volvería a hacer por los derechos de las mujeres de mi comunidad.

         Cada sentimiento quedó plasmado en “Nélida una experiencia de vida”, además me cantó una canción quechua (ahora ya no recuerdo la letra pero sí la emoción), misma que horas más tarde presentó frente al público.Más que una experiencia de vida Nélida es una experiencia de mujer.

           Una mujer que, como muchas, ha tenido que enfrentar la discriminación y la violencia. Ha enfrentado a su comunidad, a su cultura, para gritarle al mundo que ella tiene derecho a participar políticamente. Nunca me ofrecieron ni un vaso de agua -me decía-. Y yo me quedaba sentadita esperando mi turno. Yo sabía que sería regidora y que ayudaría a mis hermanas de la lucha.

Cuando terminamos el documento, Nélida (que en quechú significa iluminada por dios) me dijo: no tengo dinero, pero le puedo cantar una canción. No sabía cómo decirle que la agradecida era yo por haberla conocido, por haber estado en el lugar y el momento preciso para ser yo la honrada en escribirle su experiencia y mi lección de vida.

                                      

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