viernes, 10 de enero de 2014

"Victoria" y las indecisiones en la vida

Por Adriana Guadalupe Rivero Garza o
@femin_ite_iste


La vida sorprende siempre y a cada paso. Te presenta situaciones con las cuales puedes o no lidiar. Las pone. Tú decides si le entras o no. En cualquiera de los casos sorprende.

Un día estás tirada en cama, con un “gripononón”, conectada a todo lo mundano y otro estás buscando Las memorias de Adriano de Margueritte Yourcenar –por recomendación de quien me conoce como Cristina- para leer uno de los más fabulosos ejemplos del género literario narrativo, epistolar, y así decidirme entrar a un concurso sobre cartas, experiencias o testimonios de vida.

Mientras buscaba, pensaba y escuchaba You can never hold back spring no pude evitar traer a mi mente a Victoria. ¿Valdría la pena hablar de ella -de ellas- nuevamente?; ¿serviría de algo si han pasado siete años ya?. Sí, justo en estas fechas pero en el 2007 supimos del caso. Se han agotado las instancias judiciales en México; luego denunciado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Mientras tanto el maestro que fue sentenciado por abuso sexual infantil a pagar mil setecientos cincuenta pesos por cada niña violentada está libre. Libre y ofreciendo públicamente servicios de asesoría particular para la regularización escolar de niños y niñas.


Mientras me cuestionaba si revisaba la convocatoria con la seriedad debida o no, si mejor le daba vuelta a ese asunto y escribía sobre cualquier otro, tampoco puede evitar recordar que, hace unas semanas, me hicieron mención del caso y (ya con unas copas encima) exploté cual grano de maíz a temperatura idónea y de manera precisa, directa y agresiva expresé todo lo negativo que un asunto como el de Victoria me provoca. No puedo evitar reír al recordar la expresión de las personas que tenía frente y a lado mío. No sé, yo creo que en algún momento pensaron que los iba a golpear por el sólo hecho de mencionar el nombre la escuela primaria que los vio crecer y de contar lo felices que fueron en esa etapa de su vida.


Nuevamente vino a mi mente “Victoria”. Un conocido, hace un mes, hizo mención del artículo que escribí sobre ella y me decía que a veces es más importante valorar la vida, no arriesgarse, pensar en los tuyos. Dos inocentes masculinos, en una reunión que se esperaba fuera de abrazos y felicitaciones navideñas, terminaron violentados por atreverse a defender lo indefendible. Y hoy simplemente, al escuchar una canción, llegó ese sentimiento que provoca Victoria y que sólo quien lo vivió -o ha vivido situaciones semejantes de injusticia- sabe lo que es pensar en que “es mejor morir por algo que vivir por nada”.


También pensando un poco en esta última frase, pero invertida (vivir por algo es mejor que morir por nada), porque considero que (creer)tener “mucha estima sobre sí mismo(a) para ser capaz de sacrificarse a sí mismo(a)” y defender las causas que consideramos no deberían sernos ajenas porque implica siempre “pagar” alguna consecuencia.


En fin, para regresar a la confesión que me ocupa, sobre la convocatoria, le dije al compa que me animaba a participar en ella que escribir “desde las entrañas” no es fácil, está cabrón porque implica confesar. Él me contestó: “por eso, el género epistolar –el cual considero el más íntimo- puede llevar pseudónimos; usa guiños simbólicos, sólo los más íntimos (…) algo que le puedas dar significado”.


¿Cómo le doy significado a Victoria? –pensé- ¿cómo invito a lo íntimo, a lo personal, a las confesiones sin que se conviertan en público? ¿Otra vez en público pero esta vez sin ningún fin ni reivindicación o justicia? (Pues esta última la seguimos esperando hace años). 


El caso es que esta confesión es para decir que ya no sé a qué le entro y a qué no. No sé si vivir con el sentido de la frase invertida o no. Ya no sé si me inscribo a un concurso con el caso de Victoria o no. No sé si debemos seguir esperando que la Comisión remita a la Corte o mejor armamos un desmadre social porque el maestro sentenciado como culpable y diagnosticado como pedófilo sigue ofreciendo clases particulares a menores de edad. 

2 comentarios:

  1. "Es mejor vivir por algo que morir por nada" esa sería la frase, aunque aparentemente tiene el mismo sentido, compromiso y decisión, hay algo que la hace muy diferente. Por supuesto habrán algunos que indiquen que son simples sutilezas y matices, pero insisto en lo abismal de la diferencia. Empezando por cómo inicia la frase, creo que no hay nadie que se atreva a afirmar que "es mejor morir", por ello de entrada, se muestra una diferencia total. Definitivamente es mejor "vivir", tener una segunda oportunidad, en esta vida o en la otra, la vida como una terquedad, como una insistencia. En segundo lugar, anteponer la vida a la muerte es apenas un elemento lógico de este ciclo natural, obviamente no estoy confundiendo el sentido de la vida al simple hecho de "estar" o "nacer". Y en tercer lugar porque creo que la vida y la nada no hacen una buena combinación, suena algo absurdo.
    hola disculpa por meterme en tu espacio, es que no pude evitar sentir estas palabras...

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