lunes, 9 de mayo de 2016

Mi día de las alternativas de maternidades libres de culpa en el evento del SPAUAZ

Por Adriana Guadalupe Rivero Garza
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Hoy decidí ir al festejo que el Sindicato del Personal Académico de la Universidad Autónoma de Zacatecas (SPAUAZ) realiza año con año con motivo del “Día de la Madre”. Hace algún tiempo dejé de asistir, sin embargo, desde el 2015 regresé, aunque no muy convencida.

Consciente de lo que significa este día (pues como telón de fondo se promueve la idea de que la maternidad es destino-obligación y no un derecho que tenemos las mujeres) pero deseosa de volverme a reunir y convivir con compañeras de trabajo, escuela, Institución, de mi UAZ, me dije: “hoy me invitaron al festejo de las alternativas de maternidades libres de culpa”. Casi logro sobrevivir al evento, mis objetivos por poco se cumplían: vi reunidas, contentas, dichosas y sonrientes a mujeres, docentes e investigadoras, universitarias que desde sus vivencias ejercen diversas maternidades. Estaba feliz hasta que aparecieron unos tipos semi-encuerados bailando Everybody, yeah… Rock your body, yeah… Everybody, yeah” y embarrando su masculino ser en el cuerpo de muchas docentes que a leguas se veía no la estaban pasando bien (no todas, algunas de ellas estaban prácticamente encantadas, lo cual respeto profundamente). En pocas palabras, estaban siendo acosadas y violentadas por esos extraños contratados por el SPAUAZ o quién sabe las diosas por quién. El mensaje que nos envió nuestro sindicato fue muy claro: “creemos que nuestras docentes se divierten con strippers, con cuerpos hipersexuados y penes simbólicamente expuestos” en lugar de “creemos que nuestras docentes merecen dignificar el ejercicio de sus diversas maternidades".

¡Chingado! ¡Pinche patriarcado! ¿No descansas nunca?

Estimada lectora, usted no está saberlo ni yo para contarlo pero, este 2016 cumplo veintiún años trabajando para la Universidad Autónoma de Zacatecas. Los primeros años, a los únicos eventos que acudía - muy orgullosa por cierto - era a los festejos que con motivo del “Día del Maestro” organizaba el SPAUAZ. Muy chidos, much@s docent@s asistían; algun@s iban con sus compañer@s de trabajo y otr@s más con sus familias. Hoy recordábamos que en una ocasión, creo que a la última comida que asistí, llegamos más docentes de l@s que se esperaban. Por ello,  much@s nos quedamos sin ingerir alimento. Otros, más listillos, como estaban parados a lado de la cocina, sólo esperaban a que salieran los meseros y tomaban el plato de barbacoa, con frijoles y arroz; de tal manera que la charola quedaba vacía antes de llegar a alguna mesa. Reímos mucho hoy al recordar tal episodio.
            Luego, una vez que nació mi primera hija me sumé a los festejos del “Día de la Madre” que realizaban el SPAUAZ, el Ceciuaz y donde cursaron la primaria mis hijas. Las vi bailar, cantar, brincar, recitar y actuar; algunas veces lloré de la emoción: “¡mi hija de tres años bailando tangoooo con el niño del que estaba enamorada!” Pero, además, recibía gustosa las flores, los chocolates y la cantidad de “adornos para la casa” que nos obsequiaban muy amablemente a todas las mamás.
            Desde hace trece o catorce años, entonces, comencé a asistir a esas "festividades". No es por nada, pero, más chidas que los del día del maestro:  universitarias reunidas, compartiendo alimento, bebida, sonrisas, pláticas, deseos, anhelos (el deseo que jamás ha cesado es el de sacarse un premio en la rifa que año con año se ofrece), música, baile, compañía, confianzas, complicidades entre mujeres. Es tal el bienestar que se percibe en esos lugares (se percibía, este año ya no fue así) que la mayoría se levanta de la mesa sin el temor de que en cuanto lo hagas alguien volteará a verte las nalgas (o las piernas si traes vestido… o las dos cosas), o que si estás platicando frente a frente voltearán a verte el escote. No, nada de eso sucede. En cambio las docentes bailan y sacan sus mejores pasos. Así, libres. Las que son imparables son mis amadísimas maestras del Ceciuaz, ellas tienen una energía impresionante, desde que comienza la música hasta que se termina no paran de bailar; y, además, casi siempre se llevan un gran número de premios en la rifa. Llámenle como quieran pero para mi que ellas tienen un pacto con las niñas y niños con l@s que conviven diariamente. El punto es que más que un día de las madres en la UAZ parece un día de las mujeres libres (escribo esto con la conciencia de mis privilegios, porque sé que miles de mujeres son violentadas a diario, incluso “el día de las madres”).
            En el 2007 conocí el feminismo y comprendí que el 10 de mayo, en México, es el símbolo máximo del mito de la madre. Es decir, es el día en que se reúne real, imaginaria y simbólicamente toda la exaltación de la función biológica de la mujer, en términos despectivos: se le hace fiesta a la terrible idea de que las mujeres somos “un horno para bollos, que parimos con dolor por pecado original y que además el ser madres es nuestro único y obligado destino”. Todo esto, para encubrir el hecho de que como seres humanas libres, autónomas, capaces, libres de decidir lo que queremos para nosotras, no se nos permite desarrollarnos, no se nos reconocen derechos y no se nos hace justica.
¿Esto qué significa, pues? Que el día de la madre es el pretexto perfecto para seguir instaurando un ideal de mujer sacrificada, abnegada, que renuncia a sus anhelos y ambiciones por amor a sus hijos e hijas y, por tanto, es anulada como individuo. Peor se las cuento, este día también es un invento comercializado que nos vende a la madre de almacenes, restaurantes, comercios, negocios varios, etc. Más o menos así las cosas.
Luego de que conocí el feminismo dejé de acudir a estos eventos. No a los de las escuelas de mis hijas, a esos siempre fui porque para ellas era importante verme presente. Lo que sí hice al respecto fue comenzar a hacerlas conscientes de lo que significa este día, de la lucha feminista por desmontar el mito de la maternidad y hacerles saber que las mujeres tenemos derecho a decidir si queremos ser madres o no. No sé si lo logré, pero tengo algunos años que tampoco voy a fiestas de esas en las escuelas, mis hijas ya no participan más de esos bailables, ya no quieren (confieso que no sé si es porque hice conciencia en ellas o porque ya crecieron y les vale un cacahuate vestirse de porristas y bailarle a las mamás).
Las primeras veces que fui a los festejos del “día de las madres”, luego de ser feminista, sufría y mucho. También lloré cuando mis hijas aparecían en escena pero, ahora, del pinche remordimiento de conciencia por seguir reproduciendo, con mi presencia y aplausos, los roles y estereotipos ligados al ejercicio de las diversas maternidades que muchas veces no son libres, son impuestas y obligan a las mujeres a vivir sólo para el otro.
Peor aún, las primeras veces no quería decirle a mis maestras feministas que iba a un evento de dicha naturaleza, ¡nooo!!, ¡qué terror!!, ¿cómo les iba a pedir permiso de ausentarme de clase para hacerle honor al 10 de mayo?  si lo que estaba aprendiendo era que año con año hay una manifestación en contra de este día (nota aclaratoria: las protestas feministas son en contra del mito de la maternidad, no en contra de las mujeres que son madres).
Como quiera que sea, me sentía -como lo describe Kristina Schröder- vigilada por feministas que iban en helicóptero sobrevolando a otras feministas que decidían festejar el Día de las Madres. No era cierto, claro que no, todo me lo inventé, pero de todas formas sólo de imaginarlo ¡qué miedo!
Lo que sí es cierto es que hace poco fui criticada y señalada por una maestra, en su salón de clase y en mi semi-ausencia, por haber pedido permiso para salir temprano y alcanzar a llegar a estar con mi hija, en su escuela, un 10 de mayo. Su burla se dirigió principalmente a la contradicción que a ella le suponía que ¡una feminista prefiriera ausentarse del espacio del saber para ir a festejar el día de las madres! (JaJaJa, se oyeron risas mientras yo apenas cerraba la puerta del aula. Otra de mis compañeras de esa misma clase para evitar el señalamiento prefirió faltar, decir que estuvo enferma).
 Luego de muchos conflictos internos regresé a los eventos del SPAUAZ. Hace un año. Quise volver a encontrarme con mis inigualables maestras del CECIUAZ baile y baile, brinque y brinque, grite y grite. A esperar el discurso de alguna docente que se apropia del micrófono para regalar a la Casa Hogar los diez mil pesos que se ganó en la rifa y para hablar de… del capitalismo... Y, luego, que a lo lejos otra docente le gritara "¡regálamelos a mi, yo tengo cinco hijos!" O de las rechiflas al Rector y halagos al Secretario del SPAUAZ por los obsequios. A sentir la emoción de los encuentros y los desencuentros. A ver a mis compañeras docentes, investigadoras, abogadas, filósofas, arqueólogas, psicólogas, pedagogas, enfermeras, ingenieras, historiadoras, odontólogas, matemáticas, químicas, físicas, ¡feministas! (vi como a diez, lo siento, no puedo evitar. subrayarlo), universitarias todas, que ejercen su maternidad “quién sabe cómo”, porque de todo se habla, de ciencia, política, trabajo, cine, música; casi de todo y muy poco de cómo eres madre. Es más, creo que sería un buen ejercicio que allí pudiéramos compartir nuestras diversas experiencias en el ejercicio de la maternidad, sería un acto sumamente político.
Así que, el asunto iba bien hasta que aparecieron los strippers esos a arruinar el festejo que yo me había creado y darme cuenta que la violencia, la falta de garantía de los derechos humanos, la ausencia de promoción institucional por un profundo cambio cultural que valore y respete a las mujeres están ahí, diariamente, en todos los espacios, en tu lugar de trabajo y/o convivencia; y muchas veces el sólo hecho de estar presentes (observando cómo le restriegan el pene a una docente que NO pidió que lo hicieran, que varias veces se quitó, se movió y se intentó alejar,  pero que aún así la forzaron a “unirse a la fiesta”) es una manera de ser cómplices y perpetuar las violencias que se practican, con la venia institucional, en contra de una o muchas de nosotras. 
Ni modo. A esperar que mañana salga en los principales medios de comunicación la nota: “Agasajan con strippers a docentes de la UAZ en SU DÍA.” Luego, a interponer quejas.

P.D. Creo que el SPAUAZ nos debe una disculpa, los efectos del espectáculo que montó ya se hicieron presentes. Las maestras que acudieron al centro de la pista a bailar con los strippers ahora son señaladas, juzgadas, violentadas y estigmatizadas por los videos y comentarios denigrantes que circulan en redes sociales. Terrible mensaje el que envió nuestro sindicato. Terrible que nos hizo el pretexto perfecto para que la doble moral de algun@s se hiciera presente. Terrible.


                       

1 comentario:

  1. HOLA ADRIANA, SOY JAVIER MORONES Y HE LEÍDO TU ESCRITO EN TORNO A LA CELEBRACIÓN (SIC) DEL DÍA DE LAS MADRES POR PARTE DEL SPAUAZ ASÍ COMO LAS PUBLICACIONES APARECIDAAS EN LOS MEDIOS PERIODÍSTICOS, Y SIENTO UNA GRAN SATISFACCIÓN AL SABER QUE EXISTEN PERSONAS, MUJERES COMO TÚ QUE PONEN EL DEDO EN LA LLAGA CUANDO DE REIVINDICACIÓN DE LA MUJER SE TRATA. EVIDENTEMENTE NO SE PUEDE ESPERAR MUCHO DE UN DIRIGENTE SINDICAL COMO EL QUE ACTUALMENTE ENCABEZA AL SPAUAZ, Y LO PEOR DEL CASO ES QUE TRATA DE LAVARSE LAS MANOS RESPONSABILIZANDO A OTRO(A) INTEGRANTE DE LA MESA DIRECTIVA, LO QUE LO CONVIERTE EN UNA PERSONA AÚN MÁS DELEZNABLE. OJALÁ QUE LO SUCEDIDO, ASÍ COMO LA GRAN CANTIDAD DE ESCRITOS DE PROTESTA E INDIGNACIÓN SIRVAN AUNQUE SEA UN POCO, PARA QUE LA GENTE, LOS UNIVERSITARI@S TOMEN CONCIENCIA DE LO QUE SIGNIFICA LA IGUALDAD, EL RESPETO, EL RECONOCIMIENTO Y LA SOLIDARIDAD QUE LES DEBEMOS A LAS MUJERES TODAS.
    UN GRAN SALUDO Y MIS FFELICITACIONES

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